¿Sabes?, me jode pensar que vuelvo a no ser amada por nadie. Bueno, ahora que lo pienso, realmente nunca lo fui. Por mucho que lo afirmes, tú no me amaste. Si de verdad me hubieras amado, las cosas ahora no serían como son. Así que vuelvo a sentirme sola, ignorada, repudiada, y a ratos, a largos ratos, a larguísimos ratos, a ratos infinitos, triste. Sé que estarás leyendo esto, sé que eres seguidor de mi blog, y pensarás que soy ingenua por decir tal cantidad de cosas por aquí, donde tú y cualquiera las pueden leerlas, ¿pero sabes?, me da absolutamente igual quien lea esto, por lo menos, cuando escribo aquí, me siento escuchada. Además, estar enamorado no es algo que hay que esconder, ¿por qué?, es un sentimiento más, y no me gusta esconder mis sentimientos. ¿Para qué esconderlos? es una acción que carece de sentido. ¡Ni que fuéramos niños de primaria jugando al escondite! Creo, y repito, CREO, porque muchas veces lo dudo, que ya hemos madurado aunque sea un poquito, y que controlamos mejor las cosas que nos pasan, así que, dejémonos te tonterías, y demonos cuenta de que ocultar este tipo de cosas es absurdo. Quería comentar en mis confesiones, en las confesiones de una enamorada no correspondida, que me doy pena de mí misma, y es que no noto que a nadie más se la dé, así que, ¿por qué no dármela a mí misma?. Pues eso, me doy pena, me doy pena cuando te recuerdo, cuando lloro por ti, cuando soy incapaz de rehacer mi vida. En todos esos momentos, y muchos más, me doy pena, ¿pero sabes qué?, sonrío, porque el mundo no está hecho para contar calorías, digo... lágrimas. (¡Maldito anuncio de ligeresa!, me confunde). Pues eso, que cuando estoy triste, sonrío mientras lloro. Es raro, es enormemente raro, porque sé perfectamente que estoy triste, pero trato de ser feliz. Y noto como... como... ¡como si me diera ánimos a mí misma!, soy mi propia sube-autoestima. Sí, eso soy, mi propia sube-autoestima. Poco a poco, me doy cuenta de que cada vez soy más auto-suficiente. Me he acostumbrado a que nadie me saque las castañas del fuego, a hacerlo todo por mí misma, y, supongo que eso es positivo. ¡Anda!, pero si después de todo este testamento que a la mayoría no os importa absolutamente nada, hemos sacado algo positivo. Me felicito a mí misma con una sonrisa, y como premio... ¿un caramelo quizás?, Sí, ¿por qué no? Un momento, que subo al podium a recoger mi premio...
Mmm, que rico. Bueno, queridos, desconocidos, conocidos, por conocer, pero todos lectores, llego al final de mi 2ª confesión, la 2ª confesión de una enamorada no correspondida.
Con cariño, menos odio, menos tristeza, y más humor, una enamorada no correspondida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario