Una palabra, un gesto, una mirada. Lo dice todo. Lo cambia todo. Esa horrible sensación, pasas de tenerlo todo o casi todo, a no tener nada o lo que no quieres.
Tenerle, quererle, amarle, desearle.
Extrañarle, amarle en silencio, odiarle a ratos.
Pasas de ser lo más importante, a un segundo punto de vista.
Si ya te sentías insignificante en este gran mundo, tan lleno de gente, ahora,mucho más.
Poco a poco te das cuenta de que ya has pasado por esto, de que la vida continúa, de que tienes 13 años, no es edad para amargarte por este tipo de cosas, y sonríes sin saber por qué, supongo que para harcerle creer al mundo, y a ti misma que estás bien, aunque a ratos te derrumbes.
"El mundo está lleno de peces, este era tan solo un besugo", te dirán, y aunque tu lo afirmes sonriente, pensarás: "No, para mi no era un simple besugo, era el mejor pez del mar".
Pero lo asimilarás, y te darás cuenta de que, las cosas son como son, que por amargarte, no te va a ir mejor, y que, si la vida te da mil razones para llorar, tienes que darle mil y una para sonreír.
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